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Alguien podrá decir, que existen matrimonios que se conocieron en la parte de atrás del autobús y que salieron de muy buena manera. No dudo, pero al único que tengo noticias de que iniciaron ahí su relación, se salieron hace tiempo. Hay que poner los medios que el sentido común reclama.
Empezar a salir una pareja que se encuentra en un veraneo, seguidos de unos encuentros de fin de semana, siempre arrullados por miles de decibelios y animados por copas para coger el punto listo que a los cuatro meses formalizan la relación y a los seis se casan, es jugar a la ruleta rusa lo cual es muy arriesgado. Pueden salir unos matrimonios sublimes, pero han jugado a la lotería y les ha tocado por suerte o mala suerte.
Antes, de dar un paso al frente hay que ver claras unos aspectos que se evaluarán no sólo en unos discursos grandilocuentes sino en la observación del modo de comportarse día a día. Cómo es el otro, cuál es su familia, cómo y para qué trabaja, qué lugar ocupa el dinero en su escala de valores, qué idea tienen de lo que es un hombre o una mujer, cómo se porta con la familia de sus padres y cómo entiende que debe ser la suya.
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